domingo, 15 de enero de 2012

Fuerzas Armadas. Planes DN-III-E y Marina


Ing. Manuel Frías Alcaraz *

El Plan de Auxilio a la Población Civil en Casos de Desastres Naturales (DN-III-E) creado en 1965 bajo la jurisdicción de la Secretaría de la Defensa Nacional y activado-operado a través del Ejército y Fuerza Aérea Mexicana -el correspondiente en la Secretaría de la Marina Armada es el Plan Marina que se delimita a las zonas costeras-, tiene la finalidad de contribuir a restablecer las condiciones normales de vida en aquellas regiones o zonas urbano-rurales afectadas por algún fenómeno natural: sismos, vulcanismo, inundaciones, sequías, incendios…

Es decir, las Fuerzas de Apoyo para Casos de Desastres (FACD) asumen la responsabilidad y función de corregir los daños ocasionados por la naturaleza, apoyando a la población civil con medicinas, agua potable, servicios de sanidad e intendencia, vías auxiliares, limpieza, alimentos, albergues, transporte, asistencia social… para rehacer el hábitat de comunidades y centros urbanos. Por lo que la participación del personal militar resulta cada vez más necesaria para afrontar con oportunidad el entorno devastado por recurrentes y severas contingencias. Aunque entre sus facultades, no se prevén acciones de reconstrucción completa de la infraestructura deteriorada.

Implica, únicamente las actividades de las FACD quedan circunscritas a lineamientos burocráticos-administrativos de Protección Civil; criterio gubernamental que limita las funciones de las Fuerzas Armadas en la reconstrucción y, aún más, inhibe la ejecución de nuevas obras de infraestructura. Los planes DN-III-E y Marina no incluyen programas y proyectos de construcción y modernización de obras públicas que permitan anticipar en circunstancias favorables los cambios y fenómenos naturales; en consecuencia, se subutiliza los conocimientos, equipos y la capacidad técnica militar.

Significa, los trabajos correctivos se efectúan por el Gobierno Federal, Estatales y Municipales mediante sus organismos respectivos y/o contratando empresas privadas. Estas acciones -en la mayoría de los casos- se traducen  en soluciones onerosas e incompletas. La vasta experiencia, capacitación, disciplina, instalaciones y forma de trabajo castrense se desperdicia, al dedicarse tan sólo a funciones de rehabilitación, vigilancia, protección y asistencia. Frente a estas restricciones, resulta inaplazable revisar y reconsiderar los dispendiosos planes emergentes oficiales, a fin de avanzar del injusto y persistente negocio de la tragedia humana a un subsecuente programa de obras, donde la contribución de las FACD sea determinante para transitar de lo correctivo a lo preventivo.

Con renovadas disposiciones constitucionales y normas legislativas, los Poderes de la Unión deben incorporar a las Fuerzas Armadas a edificar un México nuevo, justo y bien planificado. Al colaborar el sector militar en las directrices de concepto, planeación, estudios básicos, ingeniería de diseño hasta la construcción y puesta en operación de relevantes proyectos de infraestructura, el tiempo, las inversiones de capital y energéticas, los costos y la malversación se reducirán.

Dicha aspiración-tendencia, eliminará de manera tangible y permanente actitudes, compromisos y desviaciones asociadas a la coerción, corrupción, prevaricación, intimidación y, al mismo tiempo, generará procesos de competencia con las compañías y profesionistas civiles de la construcción. Así, este horizonte compartido de trabajo, favorecerá la conclusión expedita de obras de infraestructura y facilitará realizar varios proyectos simultáneamente caracterizados por sus altos índices de rentabilidad y competitividad.

Conforme a esa conjunción de actividades, funciones y objetivos de los sectores oficial, privado, militar y social, dirigida hacia una misma meta de entendimiento y desarrollo, México ampliará las opciones y oportunidades de prosperidad, lo cual asegurará desplazar convulsiones, rezagos, discrepancias, enconos, conflictos e intereses de organizaciones, partidos y sectores antagónicos, insurgentes y narcotraficantes, por un visionario concepto de República, que sin dilación y preferencias beneficie a todo mexicano.

De ahí que los planes DN-III-E y Marina, al transformase en auténticos programas de vanguardia, las prevalecientes funciones de auxilio que definen a tan importantes acciones altruistas militares, evolucionarán para construir -en coordinación con las dependencias y empresas civiles- grandes obras de infraestructura como sistemas hidroenergéticos y presas de multifunciones, vías de comunicación, centros energéticos, distritos agropecuarios, complejos urbanos, industriales, comerciales, educativos, de salud…

Desde luego las obligaciones de salvaguarda y defensa nacional de las Fuerzas Armadas quedan incólumes. La intención de extender la participación de las FACD a través de su Cuerpo de Ingenieros, Médicos… es para agilizar la consecución de un México moderno y dinámico. Así como en otras naciones: Estados Unidos, Alemania, Rusia, Francia, China el sector militar es baluarte invaluable para edificar obras que diversifiquen la prosperidad y el desarrollo económico-material de sus pueblos, en México es urgente e imprescindible sumar trabajos civiles y militares.

Por lo que las setenta obras de infraestructura e hidroenergéticas que integran el Proyecto de País México Tercer Milenio (www.mexicotm.com)con sus siete complejos de desarrollo para garantizar suficiente agua, energía, alimentos y vías de comunicación; que según opinión de algunos sectores son absorbentes-fantásticas por sus dimensiones y alcances, al ampliarse las facultades de las Fuerzas Armadas de inmediato su construcción se simplificará, materializará y economizará… Sin duda, al eliminarse componendas, sobornos e irregularidades desde las licitaciones, durante las etapas de ejecución y posterior operación, las nuevas obras serán un redituable y diversificado negocio para el país.

Con visión integral, mentalidad a futuro, anhelos de progreso y plena voluntad de las autoridades civiles-militares, los Planes DN-III-E y Marina, simbolizarán una trascendente y distintiva función del Estado Mexicano para incrementar el patrimonio y la riqueza nacional, aunado a brindar a los mexicanos de hoy y de siempre infinidad de empleos útiles, productivos y remunerativos en contraposición a las actividades ilícitas, propósitos que fortalecerán la unidad y posteridad de México.

* Autor del Proyecto de País México Tercer Milenio

manuel.frias@mexicotm.com

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